lunes, 21 de abril de 2014

Podemos hacer una dieta de siete días en nuestro cerebro

Una dieta mental de siete días 
 




El objeto de la dieta es hoy día uno de los primeros tópicos de interés público. Los
periódicos y las revistas están llenos de artículos sobre este tema. Los estantes de las
librerías están repletos de tomos que descubren los misterios de las proteínas, los almidones,
las vitáminas, etc.
Actualmente el mundo tiene conciencia de comida. Los expertos en la materia dicen que
físicamente se convierte uno en lo que come; que todo el cuerpo se compone de lo que uno
ha ingerido en el pasado. Lo que usted comió hoy
–dicen-- estará en su corriente sanguínea después de un lapso de tantas horas y la sangre
construye los tejidos de su cuerpo –ahí lo tienen.
Por supuesto, ninguna persona sensata discute eso. Es perfectamente cierto, según su
alcance, y lo único sorprendente es que el mundo haya tardado tanto en averiguarlo. No
obstante, aquí voy a tratar sobre este asunto de las dietas en un nivel infinitamente más
profundo y de efectos de mayor alcance. Me refiero, por supuesto, a la dieta mental.El factor más importante en la vida es la dieta mental de la cual se vive. Es el alimento que
se proporciona a la mente el que determina completamente el carácter de la vida.
Los pensamientos que usted se permita, los asuntos en los que distraiga su mente, son lo que
harán que usted y lo que le rodea sea lo que son. Tal como sean sus pensamientos, así será
su vida. Todo lo que hoy existe en su vida: el estado de su cuerpo, esté sano o enfermo; el
estado de sus finanzas, ya esté prospero o empobrecido; el estado de su hogar, sea que esté
feliz o lo contrario; de hecho, las condiciones actuales de cada fase de su vida están
totalmente acondicionadas por los pensamientos y sentimientos que usted tuvo en el pasado,
así como por el tono habitual de sus pensamientos pasados. Igualmente, las condiciones de
su vida mañana y la próxima semana y el próximo año, serán acondicionadas en su totalidad
por los pensamientos y sentimientos que usted decida abrigar de ahora en adelante.
En otras palabras: usted escoge su vida. Es decir, usted escoge todas las condiciones de su
vida cuando usted escoge los pensamientos en los que su mente se ocupa. En la vida el
pensamiento es la verdadera fuerza causal y no hay otra. Usted no puede tener un tipo de
mente y otro tipo de medio ambiente. Esto significa que usted no puede cambiar su medio
ambiente y dejar su mente intacta, así como tampoco puede usted cambiar su mente sin que
cambie también su medio ambiente.
Esta es la verdadera llave de la vida: Si usted cambia su mente sus condiciones tienen que
cambiar; su trabajo o actividades tienen que cambiar, su hogar tiene que cambiar; la
totalidad de su vida toda tiene que cambiar, ya que su felicidad o tristeza habitual dependen
sólo de su dieta. Que esto quede muy claro. Si usted cambia su mente, las condiciones de su
vida tienen que cambiar también.

Nos transforma la renovación de nuestras mentes. Así es que ahora verá que su dieta mental

es realmente lo más importante en su vida. Esto puede llamarse la Gran Ley Cósmica y su

Verdad es evidente una vez que se exprese de este modo. De hecho, no conozco a ninguna

persona reflexiva que niegue su Verdad esencial. La dificultad en aplicarla, sin embargo, se

desprende del hecho de que nuestros pensamientos están tan cerca de nosotros que es difícil,

sin un poco de práctica retirarnos como quien dice y verlos objetivamente; no obstante, esto

es justamente lo que debemos aprender a hacer. Tiene que acostumbrarse a escoger, e un

momento dado, el objeto de sus pensamientos, y también a escoger el tono emotivo o lo que

llamamos la disposición de ánimo que le da color. Si, es cierto: puede escoger su

disposición de ánimo. Indudablemente, si no pudiese hacerlo no tendría ningún control

sobre su vida. Las disposiciones de ánimo producen las inclinaciones de la persona que a la

larga producen o estropean su dicha, que están predispuestas al famoso “pero”.

Usted no puede ser sano, no puede ser feliz, no puede ser próspero, si está mal dispuesto

para serlo. Si está malhumorado, si es indolente, si es cínico, si está deprimido, si se siente

superior, si está asustado, su vida no vale la pena. A menos que esté decidido a cultivar una

buena disposición, pierda todas las esperanzas de hacer que su vida valga la pena; es

preferible decirlo de una vez. Si no está decidido a empezar ahora y a seleccionar

cuidadosamente todo el día la clase de pensamientos que va a tener, entonces pierda toda

esperanza de hacer de su vida lo que quiera que sea.

En pocas palabras, si desea que su vida sea feliz y valga la pena –lo cual es lo que Dios

quiere que haga de ella- tiene que empezar tiene que empezar de inmediato a entrenarse en el hábito de seleccionar y controlar sus pensamientos. Los primeros días esto será muy

difícil, pero si tiene constancia podrá hacerlo cada vez con más facilidad y es realmente el

experimento más interesante que pueda hacer. Es más: ese control del pensamiento es el

pasa tiempo más interesante que pueda practicarse. Usted se sorprenderá de la cantidad de

cosas interesantes que aprenderá de usted mismo y obtendrá resultados casi desde el

principio.

Ahora bien, muchas personas que conocen bien esta verdad una que otra vez hacen

esfuerzos esporádicos por controlar sus pensamientos, pero la corriente de pensamientos

está tan cerca –como ya he dicho- y los impactos desde afuera son tan constantes y variados,

que no parece que progresen mucho. El único modo es formarse decididamente un nuevo

hábito de pensar que responda cuando usted esté preocupado o cuando no esté en guardia,

del mismo modo que si conscientemente se estuviese ocupado del asunto.

Este nuevo hábito de pensar tiene que adquirirse definitivamente y la base para ello puede

establecerse en pocos días, del modo siguiente: Decida que dedicará una semana

exclusivamente a construir un nuevo hábito de pensar y que durante esa semana todo lo

demás carecerá de importancia en comparación con eso. Si lo hace, esa semana será la más

significativa de toda su vida. Literalmente será el punto decisivo.

Si lo hace, puedo asegurar que todo en su vida tendrá un cambio favorable. Es más: nada

permanecerá inalterado. Esto no significa que podrá enfrentarse a sus problemas actuales

con espíritu superado. Significa que las dificultades desaparecerán.

Este es el modo científico de alterar su vida y como está de acuerdo con la Gran Ley, es

infalible. ¿Comprende ahora que al trabajar de este modo no tiene que cambiar las

condiciones? Lo que sucede es que usted aplica la Ley y las condiciones cambian

espontáneamente. Usted no puede cambiar las condiciones directamente; con frecuencia lo

ha intentado y ha fracasado, pero haga la dieta mental de siete días y las condiciones tienen

que cambiar.

Esta es entonces la receta: durante siete días no puede permitirse albergar ni por un minuto

pensamientos que nos sean positivos, constructivos, optimistas, amables. Esa disciplina será

tan forzada que conscientemente no podrá usted mantenerla por mucho más de una semana,

pero no le pido que lo haga. Una semana será suficiente porque al cabo de ese tiempo el

hábito de pensar positivamente comenzará a establecerse, algunos cambios extraordinarios

se habrán sucedido en su vida, animándola enormemente y luego el futuro se encargará de sí

mismo. El nuevo modo de vida será tan atractivo y mucho más fácil que el viejo y usted

encontrará que su mentalidad se alínea sola.

Pero los siete días serán forzados. No quiero que se meta en esto sin considerar el costo. Las

dietas físicas son un juego de niños en comparación aunque tenga buen apetito. La gimnasia

más agotadora, combinada con marchas de 45 kilómetros, es suave comparada con esta

empresa. Pero es sólo por una semana de su vida y decididamente alterará todo,

mejorándolo. Por el resto de su vida, es más, por toda la eternidad, todo será diferente y

mejor que si jamás la hubiere emprendido.

No comience a la ligera. Antes de empezar piénselo por uno o dos días. Entonces comience

y que la gracia de Dios lo acompañe. Puede empezar cualquier día de la semana al

levantarse, después del desayuno o del almuerzo, no importa; pero una vez que empiece

tiene que continuarla durante siete días. Eso es esencial. La idea es que tenga siete días

ininterrumpidos de disciplina mental para poder lograr que definitivamente la mente se

encauce por un nuevo sendero. Si falsea el comienzo, o si le va bien por dos o tres días y luego por cualquier razón se sale de la dieta, tiene que dejarla por varios días y luego

comenzar de nuevo. Usted recuerda que en el cuento de Rip Van Winkle, éste juraba

abstenerse de tomar licor y de inmediato aceptaba el primer trago que le ofrecían diciendo

tranquilamente “No contaré éste”. Bien; en la dieta mental de siete días esto es inaceptable.

Tiene que tomar en cuenta cada desliz y aunque usted no lo haga la naturaleza lo hará. Al

cometer un desliz debe dejar la dieta y empezar de nuevo. Ahora bien, para prevenir en lo

posible las dificultades, las consideraremos en detalle:

Primero.- ¿Qué quiero decir por pensamientos negativos? Un pensamiento negativo es

cualquier pensamiento de crítica, de rencor o despecho, de celos, de condenación de otros,

de culparse a uno mismo; cualquier pensamiento que no sea positivo y de naturaleza

constructiva, relacionado con uno mismo o con otro, es un pensamiento negativo. No se

preocupe mucho en cuanto a la clasificación; en la práctica nunca tendrá dudas de si es

positivo o negativo; aunque su cerebro trate de engañarlo, el corazón le dirá la verdad.

Segundo.- Que esté claro que lo que se pide es que usted no albergue cosas negativas. Note

esto cuidadosamente. Lo importante no son los pensamientos que vengan a su mente sino

sólo aquellos que usted acoja y entretenga. Ni importa cuáles sean los pensamientos que

vengan, siempre que no los cobije. Cobijarlos o albergarlos es lo que importa. Por supuesto,

muchos pensamientos negativos le vendrán todo el día. Algunos se colocarán en su mente,

aparentemente de su cuenta, y otros serán pensamiento de la raza; habrá pensamientos

negativos que vengan de otras personas, por la conversación o por su conducta, o bien oirá

noticias desagradables por carta o por teléfono, o verá crímenes o desastres anunciados en

los titulares de la prensa.

Estos casos no importan, siempre que no les brinde hospedaje. Es más, éstas son las cosas

que suministran la disciplina que le va a transformar durante esta semana trascendental. Lo

que hay que hacer al presentar el pensamiento negativo es rechazarlo. Rechace el periódico,

rechace el pensamiento de la carta o el comentario estúpido o lo que sea. Cuando el

pensamiento negativo se deslice en su mente, rechácelo de inmediato y piense en otra cosa.

Lo que se mejor, piense en Dios. Una analogía perfecta es el caso del hombre que está

sentado junto a una fogata cuando le cae una chispa en la manga. Si sacude la ceniza de

inmediato no puede pasar nada, pero si permite que se quede allí, sólo un momento, no

importa cuál sea el motivo, el daño habrá sido hecho y costará trabajo reparar la manga.

Igual sucede con un pensamiento negativo.

Ahora bien, ¿Qué hacer con los pensamientos y las condiciones negativas que en nuestra

etapa actual no podemos evitar? ¿Qué tal los problemas de la ofician y de la casa? La

respuesta es que tales cosas no afectarán su dieta siempre que usted no las acepte ni les tema

ni crea en ella, ni se indigne ni entristezca por ella, ni les dé poder alguno. Ninguna

condición negativa que deba atender afectará su dieta. Vaya a la oficina, enfréntese a los

asuntos de la casa, pero no permita que le afecten. Diga mentalmente: “Ninguna de estas

cosas me conmueve” y todo saldrá bien.

Supongamos que almuerza con un amigo, quien habla negativamente. No trate de callarlo ni

de desairarlo. Déjelo hablar, pero no acepte lo que él dice y así no afectará su dieta.

Supongamos que al llegar a casa se encuentra con conversaciones negativas. No predique un

sermón; sencillamente no las acepte.

Recuerde: La aceptación mental es lo que constituye la dieta. Supongamos que presencia usted un accidente o una injusticia. En vez de reaccionar aceptando las apariencias y

respondiendo con lástima o con indignación, rehúse aceptarlas; haga lo que pueda por

enderezar las cosas, piense debidamente y déjelo de ese tamaño. Aún estará a dieta.

Claro, será de gran ayuda si puede evitar durante esta semana a cualquiera que muy

expresamente pueda despertar malos instintos. Mientras esté a dieta es mejor evitar a las

personas que lo sacan de quicio, que le caen mal o que le fastidian, pero si no es posible

evitarlas, disciplínese un poco más, eso es todo. Supongamos que la próxima semana le

espera una prueba muy difícil. Bien, si tiene suficiente conocimiento espiritual sabrá cómo

enfrentarla de modo espiritual; pero para el caso, creo que será mejor esperar a comenzar la

dieta tan pronto haya pasado el asunto.

Como dije antes, no tome la dieta a la ligera; piénselo bien primero. Para terminar, quiero

decirle que frecuentemente las personas encuentran que empezar esta dieta alborota toda

clase de dificultades. Parece que de repente todo empieza a marchar mal. Esto puede parecer

desconcertante, pero en verdad es una buena señal; significa que las cosas se están

moviendo y ¿no era ése precisamente el objetivo que teníamos en mente? Supongamos que

todo su mundo parece estremecerse en sus bases. Agárrese fuertemente, deje que se

estremezca y cuando deje de mecerse el cuadro se habrá reensamblado sólo y comenzará a

parecerse a lo que anhelaba su corazón.

Este punto es importante y algo sutil: ¿no comprende que detenerse a pensar en esas

dificultades es de por sí un pensamiento negativo que quizá lo haga salir de la dieta? Claro,

el remedio no está en negar que aparentemente su mundo está convulsionado, sino en

negarse a aceptar las apariencias, juzgue correctamente. Mantenga sus pensamientos

positivos, optimistas y amables mientras las apariencias se están bamboleando; manténgalos

así a pesar de las apariencias y una gloriosa victoria será segura. Cada fase de su vida se

alterará radicalmente, mejorando.

Un último aviso: No le diga a nadie que está a dieta o que piensa iniciarla. Mantenga este

enorme proyecto estrictamente personal. Recuerde que su alma es el Lugar Sagrado del

Altísimo. Cuando termine la dieta satisfactoriamente y haya asegurado su demostración,

permita que pase un tiempo razonable para establecer una nueva mentalidad y entonces

narre la historia a alguien a quien usted piense que pueda ayudarle.

Y, finalmente, recuerde que nada que haya dicho o hecho alguien puede lograr anular la

dieta. Ünicamente su propia reacción hacia la conducta de otras personas podrá lograrlo.

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