lunes, 11 de marzo de 2013

Que es un ataque de pánico


La función de alarma produce un aumento de actividad de diversas funciones corporales como aumento en la presión arterial, intensificación del metabolismo celular, incremento de glucosa en la sangre, aumento en la coagulación sanguínea e incluso un aumento en la actividad mental. De igual manera la sangre se va a los músculos mayores, principalmente a las piernas, para tener suficiente energía para escapar si es necesario. El corazón comienza a trabajar a una velocidad muy por encima de lo habitual, llevando rápidamente hormonas como la adrenalina a todo el cuerpo y a los músculos. El sistema inmunológico se detiene, así como todas las funciones no esenciales en el cuerpo, para prepararlo para lo que venga: la huida o la pelea.

Las circunstancias de cada persona influyen en si sufre o no ataques repetidos de pánico. Entre las posibles causes, los expertos citan una situación de estrés además de una posible predisposición genética (las personas con familiares que sufren trastornos de ansiedad tiene mayor posibilidad) o de genero (las mujeres tienen mayor probabilidad que los hombres). 



Para definir un ataque de pánico hay que verlo en su contexto biológico, lo que también ayuda a muchas personas a desmitificar las síntomas y comprender qué nos está pasando...




Un ataque de pánico es la preparación de su cuerpo para afrontarse a una situación de extremo peligro. 

Según la explicación ofrecida en la web http://www.panic-attacks.co.uk hace miles de años un ataque de pánico era una reacción muy útil. Los seres humanos no tenían dientes afilados y tampoco agarros, así que tenía que reaccionar de forma muy rápida ante una amenaza. Tenía dos opciones: correr o luchar. Un ataque de pánico era una respuesta biológica para ambas opciones en un momento en que no había tiempo para pensar. El cerebro percebía un peligro e inmediatamente se ponía en marcha para facilitar la capacidad de respuesta.



Todos los síntomas de un ataque de pánico tienen su razón de ser si se considera el problema dentro del contexto de la historia de la humanidad.

El cuerpo cambia sus prioridades desde la supervivencia a largo plazo a la supervivencia a corto plazo, generando nuevas hormonas como la adrenalina, aumentando la presión sanguínea y aumentando la velocidad de respiración para poder lograr un esfuerzo muscular mayor.
Las piernas y las manos tiemblan porque los músculos más grandes de las piernas se están preparando para correr, y los de los brazos para luchar. Las manos y pies sudan, para mejorar su capacidad de agarrarse a las cosas.
El flujo sanguíneo se va desde el estómago hasta los grupos musculares más importantes donde será utilizado en caso de emergencia. Por eso personas que expermientan ansiedad con frecuencia, también sufren a menudo problemas digestivos.
Las pupilas de los ojos pueden dilatar durante un ataque de pánico. Esto permite recopilar más información sobre la situación. Muchas personas tienen ganas de vomitar o hacer diarrea. Esto también se puede ver desde una perspectiva de supervivencia - al vomitar o defecar no sólo se pesa menos y se puede correr más, sino que resulta menos apetitosa ante una amenaza carnívora.
Si logramos ver un ataque de pánico en este contexto, todos los síntomas resultan menos amenazantes.
No son agradables, tampoco útiles dentro de nuestro mundo moderno, pero si tienen una explicación histórica, asustan menos.
Y si nos asustan menos, ya hemos avanzado un pasito hasta la curación.


Tips para manejar un ataque de pánico:

    • Hacer una respiración lenta y profunda, sostener el aire por 5 segundos y sacarlo lentamente. Luego hacer unas cuantas respiraciones normales y repetir la respiración profunda.
    • Estar consciente de que es una reacción de ansiedad y decirse cosas tranquilizantes como “está bien, ya me ha pasado antes y lo he superado”, “ya va a pasar”, “es sólo mi cuerpo sintiendo ansiedad, pero no pasa nada”.
    • Recordar que aunque la sensación puede ser muy inquietante y molesta, en realidad no está pasando nada grave y va a desaparecer pronto.
    • Buscar distraerse para no alimentar los pensamientos catastróficos. Intentar platicar con alguien, recordar un número telefónico, hacer operaciones matemáticas en la mente, etc.
    • Se recomienda no luchar contra el pánico, ya que esto lo fomenta. Es mejor dejarse llevar, observarlo, simplemente dejar que pase.
    • Buscar un lugar en donde se esté cómodo mientras paran las sensaciones desagradables. Tal vez sentándose en algún lado o recargándose en la pared.


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